Vivir en la Gran Ciudad es distinto a lo que pensé que sería. Pensé que me daría más miedo, pensé que moriría lanzada al metro por una secta satánica de psicópatas, pensé que me robarían la primera noche. Sé que dirán: "Wow, Andrea tiene serios problemas de paranoia". Pero no es eso, es simplemente la forma pueblerina en la que me criaron, la sobreprotección de mis padres, ese miedo que ellos me inculcaron, a que afuera de las cuatro paredes donde me tenían encerrada había un mundo listo para despedazarme.
Y yo lo creí, vaya que sí. Estuve convencida por mucho de tiempo de que el mundo exterior era oscuro y lleno de muerte. Ok, es así, lo sé. Pero no es tan malo como me lo pintaron. Hay bien y hay mal. Hay días oscuros en los que sólo quiero llorar de soledad, pero hay días hermosos en los que no puedo parar de reír y sentirme dichosa de haber huido de aquel lugar. Lo bueno es que el balance de momentos malos y buenos está parejo al menos. Antes era 1 cosa buena por 10 malas.
Mi punto es que me alegro de haberme ido, de haber sido firme en mi decisión. Y por más que extrañe a mi mami, a Pokita, a mis hermanos, vale la pena. Vale la pena sentirme independiente, saber que no soy una carga para nadie. Es necesario para mí aprender a ser solitaria, a no depender de los demás en ningún sentido. Y por más que sea, apenas tengo 21 años, tengo que disfrutar mi juventud. ¿Y qué mejor sitio para hacerlo que Caracas? Yo le digo la Gran Ciudad, y ustedes me llamarán tonta por hacerlo. Pero ajá, yo soy de pueblo, y lo admito. Sé que crecí en un pueblo que se me quedó corto muy rápido. Y sé que eventualmente Caracas se me quedará pequeña y querré seguir creciendo... Pero por ahora, disfrutaré mi vida tal y como la tengo, con responsabilidades de gente adulta, pero libre. Libre al fin.
Mi punto es que me alegro de haberme ido, de haber sido firme en mi decisión. Y por más que extrañe a mi mami, a Pokita, a mis hermanos, vale la pena. Vale la pena sentirme independiente, saber que no soy una carga para nadie. Es necesario para mí aprender a ser solitaria, a no depender de los demás en ningún sentido. Y por más que sea, apenas tengo 21 años, tengo que disfrutar mi juventud. ¿Y qué mejor sitio para hacerlo que Caracas? Yo le digo la Gran Ciudad, y ustedes me llamarán tonta por hacerlo. Pero ajá, yo soy de pueblo, y lo admito. Sé que crecí en un pueblo que se me quedó corto muy rápido. Y sé que eventualmente Caracas se me quedará pequeña y querré seguir creciendo... Pero por ahora, disfrutaré mi vida tal y como la tengo, con responsabilidades de gente adulta, pero libre. Libre al fin.
hey! bienvenida a la Gran Cuidad, de donde eres??
ResponderEliminarPD: llegue a aca por casualidad por tu perfil de twitter, el mio es @fonsoccs